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lunes, agosto 01, 2011

Cerrado por vacaciones.

De haber llegado por fin el momento de desconectar, lo haría en un lugar en el que uno pudiera perderse entre nuraghi e imaginarse pastor o guerrero de una época lejana en la que ya los hombres sangraban por sinrazones; un lugar donde uno pudiese sentarse en la montura del diablo y cabalgar sobre aguas turquesas del Mediterráneo, y a su espalda su estela cercenara edades y corrientes para morir delicadamente, escorando veleros de una flota fenicia; donde uno pudiera poner a prueba su paladar comiendo fregula, deleitándose con un plato de culurgiones rellenos con queso y menta fresca, de suppa cuata o de favata; donde uno pudiese sumirse en el atardecer con un buen cannonau y una tabla de quesos locales. Hoy he venido a dar un poco de envidia, porque ese momento ha llegado: nos leemos a la vuelta de Cerdeña.


jueves, julio 15, 2010

Próxima parada...


Una vez más he echado a rodar el globo terráqueo y lo he parado con el dedo. Durante los últimos años me recreaba en la metáfora de manera ingenua, si acaso con una versión reducida del mundo, parecida al mundo conocido en la Antigüedad; más exigua todavía. Ésta es la primera vez que la experimento plenamente, pues el dedo no ha caído en Europa sino que ha decidido frenar el giro nada más y nada menos que en el sur de la India.




El hambre de ver con claridad es lo que lleva a las personas a viajar a lugares extraños.


Mis recuerdos. Rabindranath Tagore.


Evidentemente soy un ignorante respecto a la India. Todo lo que he leído –a excepción de lo citado- han sido referencias académicas del sistema de castas o de su religión. La mayor parte de las cosas que vea me sorprenderán y algunas me chocarán patentemente. De nada me servirá la interpretación materialista que Marvin Harris hizo del tabú de la vaca, ni la descripción de Louis Dumont de la sociedad india para ilustrar su holismo, cuando llegue a Bangalore. La vida, afortunadamente, adquirirá un sinfín de dimensiones y no se reducirá al ahimsa, al samsara y al karman. Así que es una oportunidad perfecta para, además de aprender astroestadística y de disfrutar de mi estancia en el observatorio de Vainu Bappu, tratar de absorber todas las impresiones que pueda, para macerarlas en mi interior a lo largo de los años.


Nos leemos a la vuelta.

viernes, marzo 26, 2010

Dos preguntas para futuros investigadores.

Hace unos días, mientras tomaba cerveza con un colega, me dio por recordar mi incursión a Santander hace casi dos años. Retrospectivamente cualquier episodio tiene una lectura diferente y éste no sería una excepción. Le dije a mi colega que podría reducir toda la entrevista a dos puntos.

Cuando uno sale de la facultad es consciente de no estar preparado para nada. Teme no estar a la altura y se encuentra sobrevalorado. Tarda bastante en acostumbrarse a la comprensión de los demás y se sorprende agradablemente cuando le dicen que está en periodo de aprender, que todos han pasado por esto, que tiene derecho a equivocarse. En cierto momento de aquella primera conversación me preguntaron qué tal se me daba manejarme con ordenadores, que si tenía nociones de programación. Por aquel entonces sólo pude recurrir al nombre de una asignatura cuatrimestral que había cursado cuatro años antes y llevaba por título Introducción a la Informática. Nos habían explicado cosas de Excel, dimos los primeros pasos con MATLAB y escribimos el programa de "Hola mundo" y un bucle que calculaba factoriales de números naturales en lenguaje C. Era ridículo. Lo cierto era que tenía una ligera idea de lo que suponía, no programar, pero sí escribir un código que me permitiera realizar cálculos. De todas maneras, aquella gente usaba FORTRAN y yo jamás había visto una línea de código en FORTRAN. Lo único que podía servirme era esa idea, casi una intuición, de cómo había que fragmentar el problema hasta reducirlo a sentencias básicas, claras, taxativas. Podía imaginarme una lista interminable de manuales de FORTRAN en el catálogo de la biblioteca. No sabía nada, pero podía aprender.

Hoy sé que tras esa alusión a mis habilidades informáticas se encontraba uno de los principales puntos sobre los que debería reflexionar cualquier persona que tenga en mente dedicarse a la investigación. Probablemente la pregunta carecía de toda intención al respecto, pero sería en tal caso una referencia inconsciente. La cuestión se podría sencillamente plantear en los siguientes términos: ¿hasta dónde llega tu curiosidad? Seguramente pensemos que todos tenemos curiosidad, que la diferencia estriba en los temas que despiertan nuestro interés, pero hay otra diferencia importante, relativa a su intensidad. Podemos encontrar un artículo sobre vulcanismo en una revista y prestarle unos instantes de atención en el sillón de espera de la peluquería, podemos parar el tenedor a medio camino cuando emiten una noticia sobre la actividad reciente del Etna, podemos introducir despreocupadamente “erupción del Krakatoa” en cualquier motor de búsqueda y leer someramente la información recogida en las tres primeras opciones. Comprar una revista especializada implicaría dar un paso más allá. Superar la pasividad informativa implica buscar fuentes, cotejar referencias, confrontar opiniones. Implica la construcción de una opinión propia a partir de la pluralidad de influencias. El investigador tendrá que dar un paso más allá, convertirá su curiosidad en una obsesión, o al menos, si su sobriedad emocional no tolera la obsesión, en un motor de trabajo. Ha de ser capaz de consagrar mucho tiempo a un problema, a un proyecto difuso, y estar dispuesto a buscar los medios que le permitan abordarlo, con mayor o menor pericia, pero abordarlo al fin y al cabo. Afortunadamente no estará solo. Hoy en día la ciencia es más un modo de vida que una profesión, es un fenómeno social que sucede en forma de interacciones en eventos internacionales. Lo que saca a colación el segundo aspecto de esta reflexión.

El otro comentario a resaltar llevó la movilidad al primer plano del escenario. Debía ser consciente de que en este mundillo se viaja bastante, y sería importante que no tuviera problema con ello. Mucha gente alza la voz desde la butaca de su casa, qué envidia, qué vidorra que os pegáis. Yo estaba acostumbrado a viajar, durante una o dos semanas, conocer varias ciudades, recorrer mundo con una mochila a la espalda, con la seguridad de vivir un paréntesis, de volver a mi casa, con mi gente y con mi vida. Ahora jugamos en otra liga. Se trata de asumir el apartado del currículum donde suele escribirse: carnet de conducir tipo B, disponibilidad para viajar; hasta las últimas consecuencias, radicalizándolo. Jamás cobró tanta importancia como ahora. La carrera de investigador exige tu vida, ya lo he comentado antes, impone hábitos, ritmos particulares. No eres realmente consciente hasta el momento en que enciendes por primera vez tu ordenador portátil en el interior de un avión. Los congresos, las estancias breves, las colaboraciones, no son mayor problema. Paréntesis de varios días, varias semanas o varios meses; llevados con despreocupación, amparado en la misma seguridad de regreso que sentías durante tus vacaciones en Budapest. Pero ya con cierta sospecha, con la intuición de que algunos lugares, aunque se vuelvan a pisar, se dejan definitivamente; con la certeza de que, con bastante frecuencia, tendrás que volver a empezar.

Expuesto de esta manera podría parecer que describo un panorama desolador pero, para evitar malinterpretaciones, diré que la gente lo hace voluntariamente. Algo muy evidente, que puede llegar a olvidarse. Los investigadores, sorprendentemente –lo digo yo, que conozco a algunos-, forman parte de la humanidad. Se guían por los mismos intereses, las mismas pasiones, que todos los demás. No son mártires, no regalan su tiempo, no entregan sus vidas al bien común. Por lo general, están conformes con el tipo de vida que llevan, y ganan dinero por hacer su trabajo. Desconfiad, porque algo bueno sacarán de todo esto.

miércoles, agosto 06, 2008

De vuelta.


Os dejo con la canción que, sin haberla escuchado, Murakami me impuso como banda sonora durante estos días.


Norwegian Wood

I once had a girl, or should I say, she once had me...
She showed me her room, isn't it good, norwegian wood?

She asked me to stay and she told me to sit anywhere,
So I looked around and I noticed there wasn't a chair.

I sat on a rug, biding my time, drinking her wine
We talked until two and then she said, "It's time for bed"

She told me she worked in the morning and started to laugh.
I told her I didn't and crawled off to sleep in the bath

And when I awoke, I was alone, this bird had flown
So I lit a fire, isn't it good, norwegian wood.



lunes, noviembre 12, 2007

Welcome to your fucked country. Your holidays have ended.

Bueno, chic@s, como no podría ser de otro modo, los malvados propósitos del Sr. Nadie se han visto frustrados y aquí estoy de vuelta, para vuestra alegría y/o pesar. Por el momento no me extenderé demasiado, simplemente colgaré un par de fotos sobre los hechos más representativos del viaje.

La primera se trata de una captura del momento en que los dinosaurios avanzaron implacablemente por las calles de Frankfurt, devorando gente y demoliendo rascacielos.


La segunda se corresponde con un momento avanzado de la encarnizada batalla que les presentamos. Acribillando a esos bastardos enormes desde la azotea de la Main Tower.

lunes, noviembre 05, 2007

Around the World.

Esta semana el chiringuito permanecerá cerrado. Dada la frecuencia de mis actualizaciones, el lector habitual apenas notará diferencia alguna. Aunque me siento mejor cuando tengo una excusa. Disculpen las molestias.
Nos leeremos a la vuelta.

domingo, julio 15, 2007

En busca de razones.

Por fin, ha llegado el momento de irse. Evadirse de casi todo y conocer mundo. Mochila a reventar en la espalda, złotych en mis bolsillos y, sobretodo, un carro de ganas e ilusión; me despido de todos durante, al menos, un par de semanas.