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viernes, julio 08, 2011

La huida de la Eisenstein.

La Herejía de Horus es probablemente el mayor filón de todo el trasfondo de Warhammer 40k. El Emperador de la humanidad logra poner fin a la oscura Era de los Conflictos encabezando una cruzada que unificará todos los mundos de la galaxia bajo una misma bandera. Culturas humanas y alienígenas, religiones, cultos de toda índole, mutantes y psíquicos, habrán de sucumbir para garantizar la imposición de la Verdad secular que promueve el Imperio. Sus paladines serán las legiones astartes, formadas por guerreros genéticamente modificados con el ADN de sus propios hijos. Su predilecto, el primarca Horus, recibe el honor de ser nombrado Señor de la Guerra y ponerse al frente de la Gran Cruzada cuando el Emperador se retira a su palacio de Terra a investigar los impenetrables misterios del inmaterium. Pero las semillas de la sedición afloran entre los elegidos, alimentadas por los nuevos poderes que van entrando en escena y recuerdan tanto a la hechicería que rechazan los iteradores en un sinfín de planetas. Legiones enteras levantarán las armas contra sus propios hermanos desencadenando una guerra civil entre las estrellas de proporciones colosales.

Si el único rasgo que estos astartes tienen en común con nosotros, los meros mortales, es su lealtad mutua, uno se atrevería a preguntar, ¿si la perdieran, en qué se convertirían?

Cuando me enteré de que iban a escribir una larga saga de novelas cubriendo los fragmentarios episodios de la Herejía no pude evitar echarme a temblar, pero la verdad es que el primer volumen me dejó una sensación prometedora: no describirían una mera secuencia de mamporrazos entre personajes planos, ni una serie de batallas penosamente engarzadas en un argumento terrible. Aunque a mi parecer la calidad del segundo volumen decae respecto al primero, he de reconocer que aborda un momento muy delicado de la trama; relatar la conversión de Horus de manera que satisfaga todas las expectativas es algo impracticable. Sin embargo, fue el tercer volumen el que dio un golpe demoledor a todas las promesas e hizo que abandonara la saga hace ya más de tres años.

James Swallow ha logrado interesarme de nuevo con su cuarta entrega de la saga, recuperando parte del ímpetu inicial. La huida de la Eisenstein relata algunos de los hechos que se narran en el tercer volumen, vividos desde la perspectiva del capitán Nathaniel Garro de la Guardia de la Muerte. Obligado a permanecer confinado en una fragata, contempla desde una órbita superior de Istvaan III el bombardeo vírico sobre sus hermanos de batalla en el planeta y emprende una huida desesperada en un intento de advertir a Terra de la traición que acaba de presenciar de primera mano.

En ciertos aspectos sois como los jóvenes alocados que ansían encontrar su lugar, una fraternidad, pero también os enfrentáis unos a otros en rivalidades estúpidas. Al igual que todos los humanos, os esforzáis por escapar de la sombra de vuestro padre, pero también deseáis que se sienta orgulloso de vosotros. A veces me pregunto qué os pasaría, muchachos valientes y nobles, si no tuvierais guerras que librar.

Pero eso, como todos sabemos, no llegará a ocurrir: en la lúgubre oscuridad de un futuro lejano sólo hay guerra.

viernes, diciembre 14, 2007

La galaxia en llamas.

Ben Counter nos trae el tercer volumen de la saga de la Herejía de Horus: La galaxia en llamas. La herejía revelada.

Tras los acontecimientos en Davin, el Señor de la Guerra ya es manifiestamente hostil con una buena parte de los guerreros de la Gran Cruzada, y qué mejor forma de comenzar su rebelión que eliminando a todos aquellos en su propia expedición que no simpatizan, aprovechando una revuelta en Isstvan III.

Una contribución bastante pobre que se veía venir dada la evolución de los dos volúmenes anteriores. De mantener esta tendencia, la cuarta entrega será totalmente insufrible. El texto está sobrecargado de combates y salpicado de situaciones demasiado oportunas. El relato se parece más a algo que se haya intentado malear hasta forzar que los acontecimientos coincidan con el trasfondo de 40K en lugar de limitarse a contarlo haciendo de él una novela interesante. Tanto la idea como el argumento están marcados, lo único que se había de hacer era destacar los dilemas de la Herejía, aprovechar la ambigüedad de puntos de vista tratando de relativizar la postura caótica, dramatizar los momentos en que hermanos se ven obligados a combatir, y profundizar en los misterios de la Disformidad. Han renunciado a todo eso en pos de un amplio despliegue de medios, diálogos vacíos y una guerra que no despierta el más mínimo sentimiento de angustia, por no hablar de los patéticos intentos por evitar que no sea así. Incluso se echan en falta los guiños a los aficionados que caracterizaban a las dos entregas anteriores. La Herejía de Horus era una saga que prometía, y que comenzó muy bien. Miedo me da cómo acabará.

En el cuarto volumen se espera la matanza de Isstvan V y las penurias de la Eisenstein en su carrera hasta Terra.

jueves, junio 14, 2007

Falsos Dioses.

La Gran Cruzada. Tiempos de unión, tiempos de conquista. Tiempos de reencuentros y de glorias. Tiempos de sangre. Sobre todo sangre, mucha sangre. La humanidad vive la culminación de su momento sin darse cuenta de su brevedad, a la espera de tiempos todavía mejores. Algo está pudriendo los mismísimos pilares del Imperio antes de la anexión completa de la Galaxia.
La segunda entrega de la Herejía de Horus nos relata los oscuros y polémicos sucesos en Davin, que marcarán el curso de los acontecimientos en los milenios sucesivos.
Los eruditos en trasfondo de Warhammer 40,000 podrán leer -no sin cierto regocijo- cómo se extienden las creencias del Lectio Divinitatus, hazañas de los Astartes, la gran trama del Caos. Traiciones y lealtades. Pero sobre todo confusión en las mentes de los personajes -ya sean guerreros, rememoradores, iteradores o los mismísimos primarcas- cuando, de una forma u otra, la realidad sobre la que se habían apoyado hasta el momento se desmorona ante sus ojos.
Tiempo de cambios, este concepto salpica toda la novela y sirve de guiño entre los aficionados. Y hablando de guiños, me alegra haber percibido en los acontecimientos esa ironía que ya parece que será característica a lo largo de toda la saga y hará que merezca la pena leerla.

Desde mi punto de vista, el segundo volumen flojea algo respecto al primero. Es comprensible en realidad. La primera entrega se limitó a presentar hazañas de la Cruzada para dar un panorama de la situación antes de la Herejía, creando así una atmósfera nostálgica por los hechos no sucedidos. En Falsos Dioses, Graham McNeill tuvo que afrontar el que quizás sea el momento más delicado y polémico de la saga: La conversión de Horus. Por fortuna, no es que me haya parecido demasiado brusca pero, como siempre suele ocurrir en este tipo de cosas, no estoy convencido del todo. Aunque es evidente que se guardan cosas en el tintero y habrá que esperar a la siguiente novela.

Lectura recomendable para cualquier adepto de 40K en la que descubrirá detalles y algunas cosas nuevas de uno de los principales ejes de trasfondo del juego.

miércoles, diciembre 27, 2006

Horus, Señor de la Guerra.









Las semillas de la herejía.



Con el título y el encabezamiento, así titula Dan Abnett -o la editorial, vaya usted a saber- la primera entrega de la saga de la Herejía de Horus. Pensé que sería otra ocasión desaprovechada de explotar su apasionante trasfondo por parte de los chicos de la Games-Workshop, pero me equivoqué. Realmente me equivoqué. Aunque he de reconocer que me emociono fácilmente con estas cosas.

La novela nos sitúa a 200 y pico años tras el inicio de la Gran Cruzada. El Emperador ha decidido regresar a Terra y nombrar a su más estimado hijo, Horus, Señor de la Guerra. Desde el punto de vista de su legión Astartes, los Lobos Lunares, conoceremos el día a día de los Marines Espaciales en plena Cruzada. No nos propondrán una historia muy intrincada ni un argumento soberbio, pero sí mucha acción. Y lo verdaderamente importante, dudas y reflexiones de todos esos personajes acartonados a los que estamos acostumbrados y que son una verdadera mina. A través de ellos descubriremos un nuevo punto de vista, muy distinto del radicalismo imperial al que nos tienen acostumbrados; comprenderemos la actitud de la Cruzada en sus inicios, veremos que las ideas evolucionarán de un modo u otro y se intentará proceder del modo más adecuado, veremos el carácter laico del Imperio del Hombre, intuiremos la verdadera amenaza y lamentaremos realmente el desenlace conocido y no expresado en este libro. Porque realmente el trasfondo de Warhammer 40,000 no es un trasfondo de guerra, es un trasfondo de oscuridad, decadencia, miedo, muerte. No por la guerra en sí, sino por los horrores y diferencias que se pueden encontrar en una galaxia desconocida y por la propia naturaleza humana. Y esa impotencia, el saber lo que pudo ser y no fue, el conocer el futuro diez mil años después, da bastante que pensar.

Un punto temido por el aficionado con cerebro es el de poner voz a los Primarcas. Esos gigantes tan mitificados serían muy difíciles de representar. Sin embargo, su intervención no me ha horrorizado en ningún momento. Hasta diría que es uno de los alicientes más atractivos de la novela. Además el texto está salpicado de guiños al trasfondo.

En resumen, es una novela imprescindible para el aficionado. Pero también de poco o nulo interés para el que desconozca todo el trasfondo.