viernes, agosto 24, 2007

En nombre del amor. (2004)

Entro en la habitación arrastrando los pies. Un ruido me sobresalta, trozos de cerámica rota crujen bajo mis zapatos. Pero no importa, y es que ya nada importa. Me desplomo sobre la colcha. Mis ojos coinciden con los ojos de mi reflejo, los mismos que la han visto marchar. Ven a un tonto en el espejo, balanceando sus piernas al borde de la cama, las mismas piernas que se han negado a moverse mientras ella se iba.
La rabia desgarra mis venas, una rabia contra uno mismo, contra una estupidez sin límite. Injustificado, injustificado es el orgullo que me ciega frente a ella. Ahora sé que me ha traicionado, que mi orgullo no tiene sentido sin ti. Que nada lo tiene sin ti.
¿Llorar? ¿Eso es cuanto puedes hacer? Lo tenías todo al alcance de la mano y lo has dejado ir. ¡Déjame ir también a mí! No hay consuelo, no hay lamento que valga. Ella podría esperar tras la puerta que aparezcas, junto al teléfono tu llamada. No, sólo tienes cabida para el lamento. Defraudada nuevamente. Ahogado en su propio mar.
Prometo, le prometo no ahogarme más, me prometo no abandonarla más.

¿Qué hago aquí? – Me preguntaba – Dejando escurrir lo más valioso que he tenido en la vida. Nada de llantos cariño. He vuelto a pedirte perdón, he vuelto a decirte que te amo. No puedes obviar mis llamadas, no puedes cerrarme la puerta. He visto mi mirada en tu mirada. Es la mirada de los enamorados. Hablas de dolor, de miedo a una segunda vez, pero yo te digo que no volverá a ocurrir. Pues nos amamos, y el amor no conoce impedimentos. Pase lo que pase, siempre estaremos juntos. Siempre estaré a tu lado. ¡Déjame estar a tu lado! ¡Ábreme la puerta de tu casa!

¡Ese ruido! Es la persiana que sube, es la ventana que abre. La cabeza que asoma no es más que un sol negro a la luz de las estrellas. Un avión de papel se desliza sobre láminas de aire, cada vez más cerca del suelo.
Lo cojo, por un nuevo ruido deduzco la ventana cerrada; lo desdoblo, unos trazos rápidos evocan nerviosismo. Busco luz al amparo de una farola, lo leo.

“Demasiado tarde, Julio. No volverás a ponerme la mano encima.”

3 comentarios:

Sveret dijo...

Me estaba imaginando que el final sería algo así (es como leer las historias de Gu, es imposible que no haya sangre de por medio). De todas formas, me ha gustado.

Ojalá algún día haya final feliz.

Aunque dicen por ahí que no todos los finales tienen por qué ser tristes, yo soy de la opinión de que si es un final, tiene que serlo, por algún motivo y para alguien...

sarina dijo...

ya vuelves a tener tus 10 segundos de entretenimiento ;)

K dijo...

In the name, of love... what more in the name of love?